viernes, 13 de febrero de 2026

EL AMOR ROMÁNTICO. - Su lado oculto y los mitos que perpetúan la violencia de género

 EL AMOR ROMÁNTICO.

- Su lado oculto y los mitos que perpetúan la violencia de género


El amor romántico ha sido idealizado como el fin supremo en la vida de pareja, ya sea en una relación de noviazgo, unión libre o matrimonio.


Desde los cuentos tradicionales, en los que dulces y tiernas mujeres eran salvadas y protegidas por apuestos y valientes príncipes para vivir felices por toda la eternidad, hasta la actualidad, continúan perpetuándose estereotipos que culturalmente colocan a la mujer bajo la idea de que debe ser tierna, abnegada y subordinada; mientras que al hombre se le asocia con la fuerza, la racionalidad, la iniciativa y el control.


Estas construcciones simbólicas fomentan la adopción de roles estereotipados por razón de género dentro de la relación de pareja, generando condiciones propicias para dinámicas de control y subordinación en perjuicio de la mujer. En muchos casos, tales dinámicas se convierten en generadores silenciosos de violencia de género.


Los mitos del amor romántico idealizan la relación como fusión absoluta, exclusividad extrema y permanencia incondicional, sirviendo en ocasiones como justificación de conductas dañinas.


• El mito de la “media naranja”

   Se sostiene la idea de que una persona está predestinada a completar la identidad, gustos y deseos de su pareja. 


Esta concepción puede generar una percepción de incompletud personal, fomentando la dependencia emocional y dificultando la conclusión de relaciones nocivas, bajo la creencia de que sin la pareja no se podrá vivir con plenitud.


• “El amor todo lo puede”

   Se alimenta la creencia de que una persona abandonará vicios o conductas destructivas únicamente por recibir amor, o que este será suficiente para superar crisis económicas, conflictos profundos o incluso episodios de violencia.


Esta narrativa minimiza la gravedad de conductas agresivas, normaliza ciclos de promesas y reconciliaciones, y coloca sobre la víctima la carga de “amar más” para transformar al agresor, invisibilizando la responsabilidad individual y las consecuencias jurídicas de la violencia.


• “Los celos son una prueba de amor”

  Conductas de vigilancia, control y aislamiento suelen justificarse como muestras de afecto. Revisar el teléfono, monitorear actividades, restringir amistades o cuestionar decisiones personales no es protección: constituye violencia psicológica, pues vulnera la autonomía, la privacidad y la libertad individual.


Con frecuencia, estas conductas representan la antesala de formas más graves de violencia.


• “Sin ti no soy nada”

  La idea de que sin la pareja se pierde la esencia, la autoestima o incluso la capacidad de sobrevivencia se encuentra arraigada en estereotipos culturales que han promovido históricamente la dependencia femenina.


Esta narrativa incrementa el riesgo de adaptación al círculo de la violencia y dificulta la salida de relaciones dañinas por miedo, culpa o percepción de carencia de apoyo.


• “El amor es sufrimiento”

  Se ha romantizado el dolor, la humillación o la angustia como pruebas necesarias para alcanzar un supuesto amor pleno. Esta concepción distorsiona la naturaleza del afecto sano y reduce la capacidad de identificar señales tempranas de violencia.


Realidades estructurales: desigualdad y violencia

La violencia de género no es un fenómeno aislado; responde a estructuras sociales que reproducen desigualdad.


El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer ha señalado que la violencia contra las mujeres se sustenta en patrones culturales que legitiman la dominación masculina y la subordinación femenina.


En este sentido, los mitos del amor romántico actúan como mecanismos simbólicos que normalizan conductas de control e invisibilizan la violencia en sus primeras manifestaciones, facilitando su escalada hacia formas más graves.


* Educación emocional y prevención.


Desmitificar el amor romántico implica transformar los imaginarios culturales que justifican la subordinación y reconstruir el concepto de pareja desde la igualdad sustantiva, la autonomía y el respeto.


Un vínculo sano no exige sacrificios de identidad ni valida el control como expresión de cuidado. Reconoce a cada persona como sujeto pleno de derechos, con libertad, dignidad y proyectos de vida propios.


El amor no es ilusión ni dependencia; es respeto, libertad y dignidad compartida.


Abogado Fabián de la Cruz 

Especialista en Derecho de Familia.

#abogadofabiandelacruz




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