No se trata solo de una cuestión de organización o de voluntad sino de salud integral y rendimiento profesional sostenible.
Diversos estudios en psicología laboral demuestran que el descanso y el tiempo personal son factores determinantes para conservar la salud mental, la claridad de pensamiento y la empatía, cualidades indispensables para el ejercicio de la Abogacía.
La postulación o el litigio exige una atención constante, pensamiento analítico y alta responsabilidad emocional en especial para los que ejercemos el Derecho de Familia, lo que puede generar un desgaste significativo a la salud si no se equilibra con espacios de desconexión, ejercicio físico y convivencia familiar y social.
Desde una perspectiva humanista, el abogado no solo es consejero, asesor o defensor, sino una persona que necesita fortalecer su bienestar emocional, físico y espiritual para poder brindar un servicio ético, justo y de calidad.
Respetar los horarios de trabajo, reconocer los límites y cuidar la salud mental no debilita la vocación; la fortalece.
Solo quien está en equilibrio físico, moral y espiritual puede ofrecer lo mejor de sí mismo a los demás.

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